Neuroarquitectura y diseño biofílico: cómo incorporar la naturaleza en casa

Hay espacios en los que entramos y, casi inmediatamente, sentimos que podemos respirar.

No necesariamente son los más grandes, los más lujosos ni los que tienen más objetos de diseño.

Muchas veces tienen algo mucho más sencillo en común:

nos conectan con la naturaleza.

Una ventana que enmarca el cielo. La luz del sol cambiando a lo largo del día. La textura de la madera. Una planta. Una piedra natural. La posibilidad de mirar hacia afuera y ver verde, agua o simplemente el movimiento de las nubes.

Esa necesidad de conexión con la naturaleza es la base de un concepto que cada vez tiene más protagonismo dentro de la arquitectura y el diseño:

la biofilia.

Y cuando comenzamos a relacionarla con la manera en que percibimos y experimentamos los espacios, encontramos un punto de encuentro fascinante con la neuroarquitectura.

¿Qué es el diseño biofílico?

El concepto de biofilia parte de nuestra afinidad con la naturaleza y los sistemas vivos.

Aplicado a la arquitectura, el diseño biofílico busca incorporar esa conexión dentro de los ambientes construidos.

Pero hay algo que considero importante aclarar:

diseño biofílico no significa simplemente llenar una casa de plantas.

Las plantas pueden formar parte de la estrategia, pero la conexión con la naturaleza puede aparecer de muchas otras maneras.

A través de la luz.

De las vistas.

De los materiales.

De las formas.

De las texturas.

Del aire.

Incluso de la manera en que un espacio cambia a medida que transcurre el día.

La naturaleza no necesita convertirse en decoración.

Puede formar parte de la arquitectura.

Antes de agregar naturaleza, miremos hacia afuera

Si tengo que elegir por dónde comenzar, empezaría por las ventanas.

Una buena vista es uno de los recursos más valiosos que puede tener un espacio.

Y no necesariamente tiene que ser una vista espectacular al océano.

Puede ser un árbol.

Un jardín.

El cielo.

Una terraza.

Incluso una pequeña porción de vegetación.

Cuando organizamos un ambiente, podemos preguntarnos:

¿Hacia dónde queremos mirar?

La respuesta debería influir en la ubicación de los muebles.

Si existe una buena vista exterior, intento no darle la espalda innecesariamente.

Podemos orientar un sofá, una mesa de desayuno, un escritorio o un rincón de lectura para aprovechar esa conexión.

Parece una decisión puramente estética.

Pero cambia completamente nuestra experiencia cotidiana del espacio.

La luz natural también es naturaleza

Ya hablamos de la relación entre luz natural y ritmo circadiano, pero desde el diseño biofílico aparece otra dimensión.

La luz natural está en constante transformación.

Cambia de intensidad.

Cambia de dirección.

Genera sombras.

Modifica la percepción de los materiales.

Nos permite percibir, incluso desde el interior, que el tiempo está pasando.

Una casa completamente aislada de esos cambios puede sentirse muy diferente de una casa conectada con ellos.

Por eso me interesa diseñar espacios que permitan que la luz natural participe de la arquitectura.

No necesitamos iluminar cada centímetro de la misma manera.

Las sombras también son parte de la experiencia.

Materiales que nos recuerdan de dónde venimos

Madera.

Piedra.

Lino.

Algodón.

Cerámica.

Fibras naturales.

No utilizamos estos materiales solamente porque estén de moda.

Tienen irregularidades, texturas y variaciones que forman parte de su identidad.

Una piedra nunca es exactamente igual a otra.

La veta de una madera cambia.

Un tejido natural tiene profundidad.

Dentro de un proyecto contemporáneo, estos materiales pueden equilibrar superficies más perfectas y tecnológicas y aportar calidez y riqueza sensorial.

Y esto me interesa especialmente cuando hablamos de neuroarquitectura.

Porque un espacio no se experimenta únicamente con los ojos.

También lo tocamos, lo escuchamos y lo sentimos.

No todo tiene que ser perfecto

Durante mucho tiempo asociamos el lujo con superficies absolutamente perfectas.

Pero la naturaleza rara vez es perfecta.

Tiene variaciones.

Asimetrías.

Texturas.

Patrones que se repiten sin ser idénticos.

Incorporar cierta organicidad dentro de nuestros interiores puede hacer que un ambiente se sienta menos rígido.

Esto puede aparecer en una mesa de madera, una piedra con una veta marcada, una pieza artesanal o incluso en la forma de una planta.

El objetivo no es crear una estética rústica.

Podemos tener una casa extremadamente contemporánea y, al mismo tiempo, profundamente conectada con elementos naturales.

Las plantas: pocas, pero bien elegidas

Sí, las plantas también tienen su lugar.

Pero no creo que necesitemos convertir nuestra casa en una jungla para hablar de diseño biofílico.

Una planta de buen tamaño, correctamente ubicada, puede tener muchísimo más impacto que diez plantas pequeñas distribuidas sin intención.

También tenemos que ser realistas.

¿Hay suficiente luz?

¿Podemos mantenerla?

¿Es adecuada para ese ambiente?

Un diseño pensado para el bienestar debería simplificar nuestra vida, no agregar obligaciones innecesarias.

Por eso prefiero incorporar naturaleza de una manera que tenga sentido para las personas que realmente van a vivir allí.

Diseñar con los sentidos

Cuando pensamos en naturaleza dentro del hogar podemos ir más allá de lo visual.

Podemos preguntarnos:

¿Qué tocamos?
La textura de una madera, una piedra o un tejido.

¿Qué escuchamos?
El sonido del exterior, del viento, del agua o simplemente un ambiente acústicamente confortable.

¿Qué vemos?
Luz natural, vegetación, materiales orgánicos y vistas.

¿Qué sentimos?
Temperatura, movimiento del aire, suavidad, calidez.

La experiencia de un espacio es multisensorial.

Y cuanto más entendemos esto, menos sentido tiene diseñar únicamente pensando en cómo quedará una habitación en una fotografía.

La conexión interior-exterior

En lugares como Miami tenemos una oportunidad extraordinaria para trabajar esta relación.

Terrazas, balcones, grandes ventanales y un clima que permite utilizar espacios exteriores durante gran parte del año pueden hacer que la separación entre interior y exterior sea mucho menos rígida.

Podemos continuar materiales.

Relacionar colores.

Orientar visuales.

Crear zonas de transición.

Hacer que una terraza se sienta como una extensión real del living y no como un espacio independiente.

Cuando interior y exterior comienzan a dialogar, la casa se siente diferente.

Más abierta. Más conectada. Más viva.

Biofilia no significa una estética determinada

Este punto es especialmente importante.

Una casa biofílica no tiene que ser beige.

No tiene que estar llena de madera.

No tiene que tener paredes verdes.

Y definitivamente no tiene que parecer un spa.

Podemos aplicar principios de diseño biofílico dentro de una casa minimalista, clásica, contemporánea o muy sofisticada.

Porque no estamos hablando de un estilo.

Estamos hablando de una relación entre las personas y su entorno.

Y esa diferencia cambia completamente la manera de diseñar.

Diseñar para vivir mejor

Cuando hablamos de wellness y longevidad, muchas veces buscamos grandes soluciones.

Pero quizá una parte de la respuesta sea mucho más elemental.

Recibir luz durante el día.

Mirar hacia afuera.

Sentir materiales naturales.

Tener contacto con vegetación.

Respirar aire fresco cuando sea posible.

Percibir cómo cambia nuestro entorno a medida que pasan las horas.

No podemos reproducir completamente la naturaleza dentro de cuatro paredes.

Y tampoco deberíamos intentarlo.

Podemos hacer algo mucho más interesante:

diseñar nuestras casas para mantener una relación con ella.

Porque una casa orientada al bienestar no debería aislarnos del mundo exterior.

Debería ayudarnos a permanecer conectados con él.

Anahí Amilivia
Interior Design · Neuroarchitecture · Wellness & Longevity
Miami

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